20
Mayo
2026
|
08:00
Europe/Amsterdam

Más de una cuarta parte de los consumidores admite que perdió dinero el año pasado tras sufrir fraude en entornos digitales

  • Según un informe de TransUnion, cada español que sufre fraude digital pierde, de media, casi 1.000 euros al año

La pérdida media denunciada por los consumidores españoles que admitieron haber perdido dinero por fraude digital en el último año fue de 998 euros. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio llevado a cabo por TransUnion sobre tendencias de fraude en el que se han analizado miles de millones de transacciones por parte de la red de inteligencia global de TransUnion y se ha encuestado a 12.370 consumidores en 18 países y regiones. De forma global, el 26 % de los consumidores admite haber perdido dinero en entornos digitales debido a fraude el año pasado.

Los consumidores son cada vez más digitales y muestran unas expectativas alrededor de la confianza en cualquier interacción digital muy altas. Y aunque casi la mitad de todos los consumidores encuestados en España por TransUnion admitió que realiza más de la mitad de sus transacciones online, una barrera significativa para una conversión óptima es el miedo al fraude y al uso indebido de datos personales.

El fraude se encuentra en una nueva era en la que el principal campo de batalla es la identidad. En el ámbito corporativo, el fraude ha pasado a ser un riesgo estratégico para el negocio, ya que impacta en los ingresos, en el crecimiento y en la confianza del consumidor. Pero los consumidores también sienten la presión. La amenaza de fraude, según se señala en el estudio de TransUnion, está evolucionando rápidamente, con actores maliciosos que aprovechan el acceso cada vez mayor a la tecnología para utilizar deepfakes, manipulación de documentos, creación de identidades sintéticas y ataques de bots con el fin de ampliar sus vías de amenaza contra consumidores y empresas.

Entre las principales conclusiones que se pueden extraer del estudio de TransUnion destacan:

·        El 71 % de los consumidores de España admite que la confianza en que sus datos personales no serán comprometidos es muy importante a la hora de elegir organizaciones con las que realizar transacciones online.

·        La tasa de transacciones sospechosas de fraude digital en 2025 para interacciones en las que el consumidor estaba en España fue de 2,6 %, continuando una tendencia a la baja. Esto contrasta con la creciente amenaza de fraude denunciada a través de distintos canales.

·        El 27 % de los consumidores españoles que dijeron haber perdido dinero en el último año debido a fraude digital denunciaron que el patrón más habitual fue el vishing.

Las pérdidas financieras por fraude son a menudo el primer punto de referencia a la hora de evaluar el impacto. Los consumidores en España denunciaron técnicas de vishing (27 %) y smishing (19 %) como los patrones más frecuentes. Por otro lado, como la autenticación fuerte de clientes (SCA, por sus siglas en inglés), requisito regulatorio europeo que obliga a la autenticación multifactor para pagos electrónicos, ha reducido el robo de credenciales, los defraudadores se han desplazado hacia estafas de ingeniería social y pagos autorizados. En España, ha surgido el “Bizum inverso” como técnica habitual que utilizan los delincuentes para enviar solicitudes de pago disfrazadas como depósitos.

Menos fraude pero más grave

De forma global, el estudio de TransUnion refleja una paradoja interesante para las organizaciones. Aunque las tasas de fraude digital descendieron hasta el 3,8 % del total de transacciones, la gravedad y sofisticación de los ataques basados en identidad se aceleraron a medida que los delincuentes se desplazaban a fases más tempranas en las interacciones con el objetivo de evitar la detección. El robo de cuentas, por ejemplo, aumentó un 37 % hasta alcanzar el 3,14 % de las transacciones sospechosas de fraude digital en 2025.

Este cambio refleja una epidemia más amplia basada en la suplantación. Los defraudadores están explotando filtraciones de datos, phishing e ingeniería social para pasar de ataques directos a patrones basados en los compromisos de identidad más difíciles de detectar, en la creación de identidades sintéticas y en la elaboración de estafas basadas en el consentimiento del usuario (pagos fraudulentos autorizados) con el fin de eludir sus sistemas de detección. Mientras tanto, los consumidores están exigiendo más protección que nunca: en todos los mercados, la seguridad de los datos personales es el principal factor que determina dónde las personas eligen realizar transacciones.

La pregunta fundamental para las empresas ahora mismo no es cómo bloquear ataques, sino si pueden verificar que una persona es real, legítima y coherente a través de los canales a lo largo del ciclo de vida del cliente”, afirma Lisette González, directora general de TransUnion en España. “Proteger el crecimiento de la organización exige un enfoque unificado y centrado en la identidad para la prevención del fraude. La resolución actual de la identidad, integrando inteligencia de dispositivos y de comportamiento con señales de riesgo impulsadas por IA, refuerza la confianza, reduce la fricción y ayuda a las empresas a mantenerse por delante de amenazas que evolucionan rápidamente”.

Para leer el informe completo, se puede pinchar aquí.